Sigo un poco con el tema de la tierra para enlazarlo con el que creo es el problema de fondo de la economía canaria. Inmersos la semana pasada en el debate en torno al Estado de la Nacionalidad Canaria no dejo de sorprenderme cuando el máximo mandatario de la política canaria, Paulino Rivero, presenta una serie de medidas anticrisis entre las que se encuentran el fomento de nuestra agricultura o la regulación de las explotaciones ganaderas como acciones dirigidas al aumento de la diversificación económica del archipiélago, iniciativas válidas para corroborar lo dicho en el artículo anterior: la disposición por parte del gobierno de otorgar para el futuro económico de las islas una relevancia creciente a la agricultura, la pesca y la ganadería.

Comenté en aquel artículo las difíciles expectativas del plátano así como la irremediable incertidumbre surgida en relación al futuro de nuestro sector primario teniendo en cuenta el desprecio político al que éste ha estado sometido de manera sistemática. El caso del tomate por ejemplo, otro de los productos estrella de nuestra agricultura, no mejora la situación ofreciendo si cabe más interrogantes en cuánto a su posición en el mercado. Y es que uno lee el informe del CES (Consejo Económico y Social de Canarias) para el año 2008 relativo a “La importancia de la agricultura y la ganadería en la Canarias del siglo XXI”, documento muy recomendable por cierto y disponible en internet: aquí, y puede confirmar no sólo la fragilidad del futuro de nuestros productos agrícolas en el mercado, caso citado del tomate con las competencias directas de Marruecos y la Península, sino también la incapacidad política que responde a una lamentable planificación llevada a cabo para el conjunto de la economía canaria.

Me refiero con esto a un diseño estratégico para Canarias a lo largo del tiempo que no hace más que perpetrar una situación creciente de dependencia y que nos condena a día de hoy a un estado de fragilidad económica cuya debilidad resulta palpable en la calle además de demostrable sobre el papel (cifras de desempleo, sueldos más bajos del Estado español, etc.), todo eso en el contexto de una crisis económica en el que las perspectivas para nuestras islas pasan por una renovación estructural de nuestra economía, un cambio de fondo dirigido a arreglar el desaguisado actual. Ese fracaso estrepitoso de quienes apostaron en su día por la construcción y el turismo como abanderados de nuestra prosperidad olvidándose de sentar las bases para vertebrar una economía diversa y sólida cuyas raíces permitieran un marco de actuación estable y seguro, enfocado desde dentro hacia fuera.

Esa realidad fuertemente dependiente se constanta en el documento del CES citado anteriormente donde se expone con total claridad la responsabilidad del Gobierno de Canarias a la hora de distribuir los fondos europeos en materia agropecuaria y ganadera. En este sentido y según cita el texto se ha apostado por “abaratar más las importaciones que por fomentar el crecimiento de la oferta agropecuaria y agroindustrial canaria”. Dicho lo cuál la apuesta decidida y que se defiende a lo largo del texto en cuestión es la de “reconducir el sistema a su concepción original” tratando progresivamente de centrar nuestra atención siempre en la medida de lo posible en la producción local dirigida en primera instancia al abastecimiento del mercado interior. No digo que se tenga que producir aquí todo lo que circule en el mercado ni mucho menos, no se me asusten, pero existen productos de primera necesidad como los lácteos o cárnicos por ejemplo, caso más evidente según el texto, que han reducido de manera drástica su presencia entre nuestro tejido productivo a la vez que se ha dado rienda suelta al producto importado. En este sentido se aboga entonces por cambiar la dirección actual primando más desde las instituciones las producciones internas por lo menos en aquellos productos que potencialmente estamos en condiciones de producir.

En definitiva contemplo la diversificación tardíamente proclamada por el Gobierno como el camino a seguir al igual que reitero que la situación es fruto de un desastroso planteamiento dejado de la mano del éxito tan inminente como inestable del que disfrutaron algunos durante largos años de crecimiento continuado de nuestra economía. Hablo pues de diversificar recuperando mercados viables y en este sentido me tocó hablar de agricultura y flujos de mercado porque es un terreno a todas luces ilustrativo de lo que queda por construir en Canarias pero es una reflexión que no quiero acorralar ni limitar al sector primario sino que debe implicar al conjunto de la economía: pasando desde poder elaborar por ejemplo el vidrio de las botellas en las que envasamos nuestros vinos (que se trae de fuera) y llegando hasta, ¿por qué no?, un modelo energético dirigido hacia unas mayores cuotas de autoabastecimiento, dos casos un tanto aleatorios pero generadores de puestos de trabajo y por consiguiente de riqueza. Creo que ese es el camino.


1 comentario para “Más retos para Canarias: la diversificación económica”  

  1. 1 Gerardo Morales

    Interesante … Macroeconomicamente necesitamos crecer y en un modelo que ha crecido en base al metro cuadrado hemos llegado al limite, la capacidad de carga de un territorio es una función matemática, que se mide … Canarias ya ha llegado.

    Ahora tenemos una oportunidad enorme para ponernos de acuerdo en avanzar y diseñar juntos un modelo a largo plazo, ponernos de acuerdo en algo por lo menos, encontrar los puntos comunes. Las soluciones son en mi opinión:

    (1) Añadir valor a los servicios turisticos, es decir, ofrecer mas valor añadido a los 10 millones de turistas que vienen y tratar de crecer por ahi … sin aumentar el numero de turistas sino tratando de aumentarles el valor que somos capaces de ofrecerles durante sus vacaciones …

    (2) Fabricar algo en Canarias que se pueda vender fuera de las islas. Lo que quiera que sea creo debería cumplir simultanemente (a) no afectar a la industria principal, el turismo, o sea no tener ningun tipo de impacto negativo en los recursos naturales, culturales, sociales etc. que es lo que vendemos con el turismo. (b) que pese poco y valga mucho, es decir, productos o servicios de alto valor añadido que podamos diseñar, fabricar en Canarias y vender al mundo (c) que no dependa de materias primas no existentes en las islas.

    Enhorabuena por el artículo

    Gerardo

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