Veo ayer en la televisión una entrevista a Leopoldo Cólogan, representante de COPLACA (Grupo Regional de Cooperativas del Archipiélago Canario), organización que ostenta en la actualidad la mayor producción de plátanos de la Unión Europea con más de 130 millones de kilos al año. Se trató en la charla la competencia creciente que supone para Canarias, como mercado platanero consolidado dentro de la UE, la bajada de los aranceles prefijados para las bananas provenientes de América así como la amenaza también al alza que supone la fulgurante entrada en el mercado del continente africano.

Ecuador acaba de ganar la batalla en la Organización Mundial del Comercio para poder bajar sus aranceles y competir así en condiciones más justas dirigidas a introducir su producto en la UE. El problema para Canarias es directo: la entrada de la banana en Europa es inminente y las condiciones de productividad de unos y otros deja en clara desventaja al Plátano de Canarias, siendo los costos de producción americanos ridículos frente a los nuestros.

Esa pérdida de competitividad suscitada a tenor de la masiva entrada del producto americano se complementa con la incorporación de África en el pastel. Países como Camerún, Ghana o Costa de Marfíl son, a juicio de Leopoldo Cologan, los mayores enemigos potenciales para nuestro plátano. Se da en este caso la misma situación competitiva que en el caso ecuatoriano: unas producciones con costes bajísimos que dibujan una pendiente durísima en las aspiraciones futuras del Plátano de Canarias, y es que la situación de estos países en su condición actual de ex-colonias francesas le suponen un coste cero en cuanto a sus exportaciones hacia Europa. El agravante y máximo perjucio de todo esto es que la situación parece estar en manos de unas pocas multinacionales extranjeras usurpadoras de la materia prima ajena en unas condiciones de explotación que suenan mucho al neocolonialismo agrario del que habla Ignacio Ramonet, un entramado que no sólo responde al abastecimiento de las reservas alimentarias de las grandes potencias económicas como nos cuenta el francés sino que además se utiliza para hacer negocio: unos beneficios que redundan en el sacrificio del campesino local y en definitiva en la pérdida de la soberanía alimentaria de un país con todas las implicaciones económicas y sociales que eso supone. Todo lo contrario a lo pregonado por La Vía Campesina, un movimiento internacional campesino que defiende el derecho de las minorías a trabajar la tierra en condiciones de justicia social.

Vuelvo a Canarias. Como no, con todo lo dicho no me olvido de la situación de crisis económica mundial. El modelo económico para nuestro archipiélago diseñado desde los primeros años de Democracia está literalmente obsoleto. Esas pautas en su día establecidas para nuestra economía de manera totalmente consciente que apostaban airadamente por un binomio turismo-construcción como pilares básicos nos dejan a día de hoy en Canarias las mayores tasas de paro de todo el Estado español. Dicho lo cuál, año 2009, cosas de la vida y después de más de 25 años gobernando, a nuestros políticos se les ilumina la bombilla y claman por un regreso al campo, a la tierra. Ese regreso a labores tan dignas de labranza son propuestas desde las mismas sillas desde las que sistematicamente éstas mismas han sido banalizadas, abandonadas a su suerte, condenandas al olvido o en el mejor de los casos sometidas a una fulgurante pérdida de protagonismo en favor de un crecimiento desaforado que, sin piedad, no ha dudado en valorar siquiera la fuente, no ya de riqueza sino de subsistencia, que tan horadamente supieron trabajar nuestros abuelos y que tanto aportó a lo que somos a día de hoy, como colectividad.

Resulta por tanto paradójico que se opte ahora por la opción desechada, por el descarte inicial. Eso sí, el tiempo perdido lo paga nuestro entorno y el daño que supone el auge de la construcción durante los últimos 15 años en Canarias. Un período de tiempo en el que, en términos prácticos, resulta evidente, lógica y palpable la ausencia de conocimiento del campo entre el canario del siglo XXI. Un espacio de tiempo quizás demasiado amplio en el que, como vengo diciendo, se abandonó desde las instituciones el fomento de la agricultura como medio de vida, se echó abajo un conocimiento tradicional del campo ganado durante siglos. Se menospreció nuestra historia, nuestro pasado común. ¿Dónde están las bases en la Canarias de hoy para llevar a cabo el regreso al campo?, ¿qué opciones ofrece la tierra en Canarias mientras se tambalea el futuro del plátano, pilar y símbolo de nuestra agricultura?, ¿cómo pretendemos dotarnos de un sector primario potente capaz incluso de autoabastecerse si importamos cerca del 90% de los productos que comemos?.

Ahí está el campo, falta TODO lo demás.


1 comentario para “Sobre Canarias y el reto de la agricultura”  

  1. 1 caótica

    Cuánta razón hay en tus palabras! Encantada de haber descubierto este lugar, seguiré pasando, segurísimo.

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