Toca esta vez analizar el pilar económico de las islas, la joya de la corona: el turismo. Un mundo globalizado es, con todo, un marco de actuación a priori favorable para la difusión de nuestra oferta, siempre y cuando sigamos siendo capaces de ser competitivos. He ahí el arma de doble filo. El reto, que es lo que pretendo explicar en este artículo, está en la capacidad para ofrecer motivos suficientes al turista para seguir eligiéndonos a la hora de planificar sus vacaciones.

Dicho lo cuál, ¿qué tenemos para ofrecer en Canarias?, ¿cuáles son nuestras potencialidades?, ¿qué motivos hacen al turista de sol y playa (peninsulares, alemanes, ingleses, escandinavos y últimamente también rusos) elegir las islas por encima de destinos incipientes como Marruecos ó Túnez, o los ya consolidados en el sector como Grecia, Baleares, Creta, Croacia o incluso El Caribe?.

Tenemos por un lado zonas masificadas repletas de edificaciones obsoletas. Lugares que fueron pioneros hace ya varias décadas en cuanto a la dotación de infraestructuras destinadas a albergar los primeros flujos turísticos de relevancia que recibía el Archipiélago son a día de hoy el destino predilecto del turista all included que gasta más dinero en su origen vía turoperador (de capital extranjero por supuesto) que lo que deja aquí durante su estancia. Zonas éstas que tratan de complementar a otras donde más hoteles, de construcción reciente y dedicados a un turismo selecto, completan la oferta alojativa diseñada con la intención de dar respuesta a la demanda turística de Canarias.

Este panorama nos deja, a la vista, un escenario desolador. Construcciones desordenadas que esconden montañas enteras; ríos de cemento que desembocan en la mismísima orilla de nuestras costas son la viva imagen de nuestra oferta turística. Esas moles que tanto han contribuido a degradar el entorno y que se erigen como el estandarte de nuestra economía son la expresión de la mala planificación, del crecimiento por el crecimiento, de la irresponsabilidad y en definitiva de la falta de concienciación hacia una tierra. Ojo, no quiero que esto suene hueco, no me olvido del papel decisivo que el turismo ha supuesto para Canarias a lo largo de todos estos años pero sí que me reafirmo en la pésima gestión que se ha hecho del territorio; no era necesario el descalabro medioambiental y visual actual para llevar a cabo políticas turísticas de éxito, lo digo con total convencimiento.

Digo esto porque no dejo de lamentarme cuando imagino cómo podríamos ser y cómo podrían ser nuestras dotaciones dadas las infinitas cualidades del Archipiélago. No se nos ocurrió en su día llevar a cabo programas relativos a la ordenación del territorio en los que se tratara de integrar toda esa infraestructura en el medio natural, tratando de conciliar las peculiaridades mismas del entorno con unas directrices respetuosas con el mismo. Un ejemplo de ello: aquí. Es triste ver como el espíritu de César Manrique se diluye entre toda esta vorágine de crecimiento inconsecuente, un ejemplo más de cómo los canarios ninguneamos, menospreciamos e incluso ignoramos lo que tenemos, aunque de eso hablaré en otra ocasión.

El caso es que, como ya dije, tal y como está estructurada nuestra economía debemos trabajar duro para seguir siendo competitivos en el mercado mundial. Mantener el listón alto en materia turística pasa por varios puntos clave:

  • No más camas, y por tanto, sí a la moratoria turística: en cuanto a lo irreversible debemos optar por trabajar sobre lo que ya tenemos tratando de ofrecer una imagen actualizada reformando y rehabilitando todas aquellas edificaciones y espacios que lo requieran. 
  • Consolidar la oferta alojativa y explotar si cabe los servicios dedicados al turismo de lujo, sobre la base de la excelencia.
  • Ser capaces de involucrar al turismo con otros sectores económicos incipientes en el Archipiélago, caso de la agricultura o la gastronomía (vino, plátano, queso, mieles, papas, etc.), lo cuál está intimamente relacionado con el siguiente punto.
  • Apostar decididamente por el desarrollo complementario de un turismo vinculado a lo rural y al respeto por el medio. Un modelo donde se ponga en alza la enorme riqueza ecológica de las islas y mediante el cual se permita al turista conocer nuestro entorno más allá de las playas y las zonas turísticas masificadas; ofreciendo un producto natural, auténtico, cercano y exclusivo. Hay en Canarias un abanico de posibilidades entre Parques Nacionales, Reservas de la Biosfera, lugares considerados Patrimonio de la Humanidad, Parques Naturales, montes, calas, pueblos con encanto, etc., que permiten mostrar a ojos del turista otra realidad que nos añade más valor como marca. Todo pasa por replantearnos por tanto el papel del turismo rural, del enoturismo y todas las infraestructuras al efecto (senderos, carriles bici, rutas guiadas, audioguías, etc.) y vincularlas e integrarlas con el medio (véase los viñedos por ejemplo); una vía que sobretodo es una oportunidad de negocio y, como tal, de riqueza, pero con la garantía que supone la conservación de nuestro medio rural. Dejo claro que lo ideal sería conjugar lo que tenemos con todo esto, tratando de enriquecer una oferta turística de calidad.
  • Sabemos que el eslogan actual del Gobierno de Canarias para la promoción turística es el de Islas Canarias, optando así por la promoción conjunta de todos los destinos posibles que se ofrecen en Canarias. Sería conveniente llevar esa idea a la práctica tratando de ofrecer paquetes en los que se incluyan diferentes islas en un mismo itinerario dependiendo de las demandas particulares del turista. ¿Por qué no complementar las playas de Fuerteventura con los senderos de La Palma por ejemplo?…, se me ocurren mil y una combinaciones que contribuirían en gran medida a consolidar al Archipiélago como un destino diferente, con infinidad de cosas que ofrecer.

A grandes rasgos lo planteado responde a la intención de dar salida a la nueva realidad económica que nos espera. Un escenario enfermizo que no desea más cemento y que clama porque las cosas tomen otra dirección. Nos esperan décadas de cambio y tenemos ahora la llave para reconducir las cosas hacia la vía de la conservación y la revalorización de nuestra riqueza natural, una empresa que implica a todos los agentes sociales y que empieza por valorar más lo que tenemos. Ese es el primer paso.