Agonía aferrada a mi ser

dudas aliadas, pasajeras, infinitas.

Ecos perdidos que observan,

alimento difuso y vital.

 

Siento tu aliento contínuo

por encima de todo estás tú,

anclada al papel de mi barco

ansío horizontes de luz.

 

Ténues luces, niebla gris

mar lejano que espera.

Senderos expuestos, angostos

miro atrás, mucho, sólo ando.

 

El puerto se siente desnudo

miedo latente al acecho,

mi espíritu opaco revienta

jugando a inventar lo que soy.

 

Tenues luces, niebla gris

mar lejano que espera.

Tags: poesía

Sobrecogedoras las fotos recopiladas en un documento enlazado desde Ethica more cybernetica y que da luz sobre la realidad diaria de la llegada de inmigrantes a las costas.

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En Canarias Bruta cuentan que existe algo de controversia en relación con la difusión de las fotos por parte de los medios y las instituciones. En cualquier caso, expongo a continuación algunas de las más impactantes que encontré en el documento citado:

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Tags: desigualdad, Globalización, inmigración

En el momento en el que leo una reflexión profunda del tipo de la que hace Vicente Verdú sobre la situación universitaria actual resulta inverosímil no echar la vista atrás y analizar el período universitario que me tocó vivir a lo largo de poco más de cuatro años de estancia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de La Laguna y comprobar que la situación, cuanto menos, está anclada en una visión que no responde a muchas de la necesidades exigibles a la institución de educación superior por excelencia.

El nexo de unión entre la obtención de un título universitario y la inserción en el mercado laboral es una relación cuya estabilidad deja mucho que desear. Ese pilar garante del mantenimiento y la conservación de la institución se derrumba mientras ésta contempla con vista nublada la falta manifiesta de motivación en las aulas. ¿Qué obtenemos, por tanto, de la universidad? Un título, eso sí, un papel que en última instancia simboliza la interiorización de un cúmulo de conocimientos acreditativos para supuestamente entrar por la puerta de atrás al mercado laboral. ¿Algo más que esa llave que abre las puertas a la incertidumbre de un mundo que se antoja precario y cuesta arriba? Nada más. Se nos presupone a los universitarios gente “de bien”, interesados por el mundo que nos rodea y cuyas inquietudes están en sintonía con las de la cualificación y la responsabilidad en la medida en que forjamos nuestro futuro con la pretensión de vivir de acuerdo a ciertas expectativas individuales, imagen que, pese a todo, no tiene porqué distar con la de cualquier trabajador dedicado a tantas de las profesiones existentes de manera digna y responsable.

Nosotros, los universitarios, estamos desencantados con lo que obtenemos de las clases. Los métodos empleados son semejantes a los utilizados hace medio siglo pese a que los tiempos han cambiado sobremanera. Recuerdo la pérdida considerable de alumnos a medida que pasaban los años en la facultad. Y digo, si a nadie se le escapa esta situación, ¿por qué no tenemos una visión crítica del asunto, ¿por qué no le damos voz? Las cifras están ahí. La pasividad, también. ¿Dónde están por tanto esos valores e inquietudes que debe transmitir la universidad? Nos empapan de materia mojada y encerrada en sí misma, cantidades ingentes de material asfixiante que no guardan la menor relación coherente con una formación eficaz capaz de suscitar en el individuo un verdadero desarrollo moral y multidisciplinar. Fue Sloterdijk quien dijo que “entrar en la universidad es salir del mundo”.

Olvídense ahora del mercado. La base debe ser la de construir una estructura sólida de pensamiento, un conocimiento que responda no sólo a las necesidades del mundo actual sino también aquélla que permita sentar las bases para una educación dentro del aula. Educación que tenga que ver con el tratamiento de los medios de comunicación, la tecnología de las comunicaciones, el consumo, la ecología, la ética, el sentido de la vida, la expresión artística, la cultura y las humanidades. Por supuesto, también con la conexión entre la universidad y el mundo de la empresa. Con todo, la búsqueda debe ser la que describa el mundo que nos encontramos a diario al salir de clase y el que nos encontraremos al acabar nuestra etapa universitaria. Por favor, es necesario una superación a lo establecido, ir un paso más allá de aquello que se encuentra limitado a unos planes de estudio desorientados cuya aportación útil a la vida fracasa en un tímido y devaluado intento continuado.

Para que ingresar en la universidad signifique poner en la disposición del alumno el marco teórico que le permita sentirse en consonancia con el mundo. Para que, efectivamente, entrar en la universidad sea estar en el mundo.

Tags: educación, Sloterdijk, universidad, Verdú

No es casualidad el incremento notable de comentarios negativos que escucho en cualquier lado en torno a la clase política. Afirmaciones del tipo: “para qué votar, son todos iguales… ” son el fiel reflejo de la frustración y la desconfianza que ésta gente se ha ganado a pulso en relación con la pasividad a la hora de resolver los problemas reales de los ciudadanos. Hay veces que escucho a algún determinado político hablando en tertulias o incluso en discursos - con la idea preestablecida de que los políticos son personas muy preparadas dotadas de brillantes expedientes y currículums interminables - y debo confesar que más de una vez en un remoto revés mental he podido llegar a creerme que éste u el otro político en cuestión se están creyendo verdaderamente lo que dicen, con una convicción absoluta. Producto de que el mensaje, efectivamente, llega.
En un marco político donde las ideologías quedaron hace mucho tiempo atrás se me antoja complicado, tal y como se nos muestra la realidad, dar con alguna razón de peso que pueda motivar a una persona para meterse en política ¿existe la vocación en este sentido?… ¡Y una mierda!, así de claro. La solidaridad queda muy lejos. No me lo creo. Me creo más la versión de la corbatita, el reconocimiento social, las dietas, el coche oficial, el chófer… Lo de los sueldos no lo digo porque me consta que les cuesta llegar a fin de mes.
El buen político es, sobretodo, un excelente comunicador capaz de perpetuarse en su puesto tanto como su labia se lo permita. Las batallas mediáticas de declaraciones entre unos y otros están muy por encima de las preocupaciones reales de la gente. El tema, que es lo que quería comentar desde el inicio, es que de vez en cuando estos expertos en la palabra y en la transmisión de mensajes (pese a estar respaldados por gabinetes de asesores) tienen sus despistes, esos momentos en los que afloran sus ideas más esenciales y puras. Un tipo como el señor Rajoy, aspirante a presidente del gobierno, se muestra así de fino tras una cuestión que se le plantea en torno al cambio climático:

Olé. Es que claro, él no es quién para preocuparse por temas tan lejanos. Los problemas se resuelven cuando llegan, para qué predicar responsabilidad cuando no hace falta… Eso sí, de momento. Un tipo concienciado, sin duda. Brillante Sr. Rajoy.

Tags: acción, cambio climático, concienciación

Debate existencial

[...] y descendí hasta los muelles. Me senté por ahí y lloré. El agua sucia, abajo, me tentaba constantemente: ¿para qué sufrir? El suicidio seduce por su habilidad de aniquilación: en un segundo todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si la solidez de sus rascacielos, de sus acorazados, de sus tanques, de sus prisiones no fuera más que una fantasmagoría, sin más solidez que los rascacielos, acorazados, tanques y prisiones de una pesadilla.

La vida aparece a la luz de este razonamiento como una larga pesadilla, de la que, sin embargo, uno puede liberarse con la muerte, que sería, así, una especie de despertar. ¿Pero despertar a qué? Esa irresolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio. A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes que aniquilar la fantasmagoría con un acto de propia voluntad. Y suele resultar también, que cuando hemos llegado hasta ese borde de la desesperación que precede al suicidio, por haber agotado el inventario de todo lo que es malo y haber llegado al punto en el que el mal es insuperable, cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo.
Sábato, Ernesto: El túnel. Cátedra, 27ª ed. Madrid, 2003. Páginas 119-120.

Tags: novela, Sábato

Factotum

Hank Chinaski (alter ego del escritor Charles Bukowski) es el protagonista de Factotum (Noruega/E.E.U.U., 2005), película dirigida por Bent Hamer basada en la novela de igual nombre publicada en 1.945 y que recoge la vida del propio autor. Es Matt Dillon el encargado de reencarnar a Chinaski, ese joven borracho y abandonado que lo único que tiene claro es su pasión por escribir. Lo demás no tiene valor para él:

Si vas a intentarlo, adelante. Si no, no empieces. Esto puede significar perder novias, esposas, familia, trabajo. Y quizás la cabeza. Puede significar no comer durante tres días. Puede significar congelarse en un parque. Puede significar cárcel. Puede significar burla, soledad. La soledad es el regalo. El resto es una prueba de tu aguante. De cuánto realmente quieres hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo. Y será mejor que cualquier cosa que puedas imaginar. Si vas a intentarlo, adelante. No hay otro sentimiento como ese. Estarás sólo con los dioses. Y las noches serán ardientes. Irás por la vida con la sonrisa perfecta. Es la única lucha que vale la pena.

 

Nota: Lo escrito arriba es la traducción al vídeo.

 

Tags: Bukowski, novela

Resulta interesante el reportaje que le dedicó el diario El País a la figura del Che Guevara publicado el pasado domingo 7 de Octubre y titulado El Che íntimo. Uno de los artículos, titulado “Te podría decir que te extraño”, aborda el relato de su última mujer, Aleida March, quien aporta documentación relevante e inédita sobre los últimos años de la vida del revolucionario sudamericano. Entre otras cosas nos desvela concreciones sobre su relación con Fidel, cartas enviadas desde sus combates en el extranjero (El Congo, Tanzania, Praga o Bolivia) o las inquietudes que despertaban en él la filosofía y la lectura en general, son varios de los puntos destacados. En este sentido llama la atención la publicación de la fotografía de unas de las hojas de su agenda de viaje, donde el Che tenía anotadas todas las obras que pretendía leer. A continuación cito todas las que la caligrafía original me permite suponer, son las siguientes: Vida de Miguel Ángel, de G. Papini; La isla, El circo, y La resaca: de Juan Goytisolo; Hamlet y Julio César, de W. Shakespeare; Contribución a la crítica de la economía política, de K. Marx; Pour Marx, de L. Althusser, Reynard el Zorro, de Goethe; La ideología alemana, y Correspondencia: de Marx y Engels; Las ceremonias del verano, de Marta Traba; Orlando, de Virginia Wolf; una biografía sobre Federico Engels, de E. Stepanova; La llamada de la Tierra, de A. Bertrand; Los años duros, de Jesús Díaz; Reflejos de un ojo dorado, de Carson McCullers; Atrás de las líneas enemigas, de James Dean Sanderson; Paradiso, de José Lezama Lima y algunas otras tantas entre las que se encuentran libros de poesía, de contenido revolucionario o informes militares.

Tags: Che Guevara

[...] Desde el fondo de mi porvenir, durante toda esta vida absurda que había llevado, un hálito oscuro subía hacia mí a través de los años que aún no habían llegado y ese viento igualaba a su paso todo lo que se me proponía ahora en los años no más reales que estaba viviendo. Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre, qué me importaba su Dios, las vidas que uno escoge, los desatinos que uno elige, puesto que un solo destino debía elegirme a mí y conmigo a miles de millones de privilegiados que, como él, se decían mis hermanos. ¿Lo comprendía, comprendía al cabo? Todo el mundo era privilegiado. No había más que privilegiados.
Camus, Albert: El extranjero. Alianza editorial, 1ª ed. Madrid, 1999. Páginas 122-123.

Así sintetizaba Meursault su forma de ver las cosas a las puertas de la muerte. Gran parte de la personalidad y carácter del protagonista son fiel reflejo de la indiferencia y el hastío con el que los seres humanos afrontamos las situaciones del día a día entre iguales. El grado de responsabilidad e implicación de cada cual en sus actos responde en multitud de ocasiones a un modo de vida desordenado, desinteresado, desapasionado y superficial que acorrala la oportunidad natural del hombre de obtener lo mejor de si mismo y de sus congéneres. Lo peor es que Meursault, pese a no ser más que el protagonista de una novela, no es una excepción.

Tags: Camus, existencialismo, implicación, novela

Resulta curioso el interés creciente que despierta en la actualidad la longevidad de la vida humana. Se debe tener en cuenta que gracias a la aplicación de numerosos avances científicos se han duplicado los valores referentes a la esperanza media de vida entre las poblaciones de las sociedades avanzadas en algo menos de un siglo (pasando de 40 años a principios del siglo XX al doble a comienzos del año 2000). Avances de tipo higiénicos, en el ámbito laboral, nutricionales y otros tantos son la constatación de una preocupación constante del ser humano por alargar la vida tanto como se pueda.

Todo este tema lo aborda el profesor D. Pedro Javier García Castañeda, de la Universidad de La Laguna, en un artículo publicado en el periódico El Día a fecha de 2 de Octubre de 2007, con el título: La longevidad humana, un triunfo evolutivo ¿amenazado?, cuyo enlace dejo aquí. En este sentido llama la atención unos datos curiosos acerca de varios lugares donde se contempla mayor presencia en el tiempo de personas con más de 100 años en relación a diversos factores comunes que aparecen siempre. Así, el autor comenta:

[...] El interés de las personas nonagenarias y centenarias no ha hecho sino crecer desde que se conocieron los casos de distintos lugares del mundo donde la gente vivía muchos años, como Vilcabamba (Ecuador), Hunzaland (Pakistán), Abjasia (Cáucaso), Yagodina (Bulgaria); e islas como Paros (Grecia), Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón), etc.

La mayoría de estas personas longevas coincidían en alguna característica como tener antecedentes longevos, mantenerse activas, dentro y fuera de sus casas, tener una dieta hipocalórica más vegetariana que carnívora, vivir en zonas rurales sin contaminación industrial, disponer de una red social y familiar estable; además de ciertas características psicológicas como el optimismo, la curiosidad y el control y manejo asertivo de las situaciones estresantes.

La contrariedad de todo esto, sigue comentado el profesor, es que las perspectivas son cuanto menos desesperanzadoras en la medida en que factores como el sedentarismo y la dieta hipercalórica contribuyen a frenar la sobresaliente ascención de tales parámetros a lo largo de mucho tiempo. Acabo como el propio autor, citando una frase del experto S. Jay Olshansky:

“En un futuro, las naciones más sanas serán las más ricas”.

Tags: longevidad, prensa

Puedo afirmar que verdaderamente era tristeza lo que ví. Tristeza asociada a la angustia de lo irreversible, lágrimas sinceras que lamentaban ausencia, silencio, soledad. Aquellas señoras estaban compartiendo sufrimientos mutuos, el mundo empezaba y terminaba para ellas en aquel banco, en aquella conversación. Bastaron tres segundos para traspasar sus miradas, llenas de amargura, para llegar a lo más profundo de unas almas colapsadas por la desesperanza, la frustación, la agonía y el inmenso dolor que tal vez encontraba algo de alivio en el desahogo y la complicidad que ambas compartían.

El instante estuvo cargado de simbolismo. Era el irremediable paso del tiempo junto a la impotencia del ser humano ante la muerte, la incapacidad para buscar respuestas a el porqué de lo injusto. El anhelo hacia tiempos pasados asociados a toda una vida y los continuados reproches aludiendo a un giro drástico sufrido constataron un débil estado de ánimo al borde del colapso pero a su vez dotado de tanta fuerza que arrastraba con toda la escena hacia lo más básico, hacia el valor de lo esencial ¡¿Por qué?!… todo eran preguntas. Ninguna respuesta podría haber aportado nada útil a la amargura que involuntariamente nos encontramos. La fugacidad de nuestra aparición contrastó con la perpetuidad de todo aquello, con la relevancia y significación a la que trascendía la conversación.

Tan pronto como interrumpimos el drama ya habíamos dejado atrás la plaza y a las señoras. De frente nos cruzamos con un grupo de jóvenes que debatían acerca de dónde poder ir a tomar la primera copa de la noche. Desde luego no encontré consuelo ni respuesta alguna, tampoco supe dónde empezarían la noche estos chicos. El caso es que la noche acabó allí, en aquella plaza, junto a las dos señoras.

Tags: existencialismo